Cinco frases que nunca deberías decir a un traductor

Es fácil que la primera vez que te pongas en contacto con un traductor para interesarte por sus servicios, o que simplemente hables con uno por el motivo que sea, desconozcas los detalles de su trabajo. No tienes por qué sufrir por ello; es normal. Sin embargo, si quieres evitar meter la pata, aquí tienes una lista con cinco frases que nunca deberías decir a un traductor. Se trata de afirmaciones y preguntas que suelen irritarnos bastante, así que sigue leyendo para saber por qué.

¿Cómo se dice [palabra X] en [idioma Y]?

A menudo, esto es lo primero que tenemos que explicar los profesionales de este sector: los traductores e intérpretes no somos diccionarios. No; no conocemos todo el vocabulario existente en las lenguas extranjeras que dominamos. Ni siquiera el de nuestra lengua materna. Eso es imposible. En alguna ocasión, incluso tenemos que aguantar que nos pregunten por una palabra determinada… ¡en idiomas que no dominamos en absoluto! De acuerdo, esta pregunta no tiene por qué ser tan irritante. Lo que sí debes evitar a toda costa es cuestionar la profesionalidad del traductor si su respuesta es que no lo sabe.

Así que eres traductor, es decir, traduces libros/conferencias

Esta frase tiene múltiples variantes (por ejemplo: «así que eres intérprete, es decir, actor»). Lo primero que conviene dejar claro es la diferencia entre traductor e intérprete: mientras que los traductores trabajan con textos escritos, los intérpretes se encargan del lenguaje oral. Dicho esto, los intérpretes no solo trabajan en conferencias, sino también en reuniones, juzgados, etc. En el caso de los traductores, no solo es posible traducir libros, sino cualquier tipo de texto: contratos, manuales de instrucciones, sitios web… Puede que tengas suerte y la persona con la que hablas se dedique en exclusiva a la traducción literaria, pero es poco probable.

He estudiado un semestre en [país Z], creo que podría dedicarme a la traducción

De nuevo, una frase con distintas versiones. Somos conscientes de que se debe al desconocimiento de nuestra labor, pero pronunciarla equivale a menospreciar nuestro trabajo. La traducción no consiste solo en saber lenguas extranjeras, sino que implica conocer en profundidad la cultura de la que procede el texto original y a la que se dirige el texto meta, dominar herramientas informáticas específicas y mucho más. Por favor, no pronuncies esta frase. Duele.

¿Eso es lo que pretendes cobrarme? ¡Tú no eres traductor, tú eres un ladrón!

O la alternativa más extrema «¿qué es eso de cobrar? ¡Hazlo gratis!». Mientras que las frases anteriores son fruto de la ignorancia y lo lógico es armarse de paciencia y explicar en qué te equivocas y por qué, esta no tiene justificación. Pretende hacer daño, con todas las ganas. Lo más habitual para cobrar una traducción es asignar un precio por palabra. Imaginemos que tu traductor te informa de que su tarifa es de diez céntimos por palabra. No parece gran cosa, ¿verdad? Ahora bien, si tu texto tiene 10 000 palabras, tendrás que pagar mil euros. Antes de escandalizarte, ten en cuenta las horas de trabajo que implica, las de formación que ya ha requerido, los gastos asociados a la actividad profesional… Siempre puedes intentar negociar, pero tampoco te pases.

¿Traducir? ¡Pero si eso lo puede hacer Google!

La joya de la corona. Si alguna vez le dices esto a un traductor, más te vale estar preparado para cualquier cosa. Te aseguro que no va a reaccionar bien. Además, eres libre de confiar tu texto al traductor de Google, allá tú. No obstante, si lo que quieres es una traducción gratuita y chapucera, te recomiendo que se la encargues a tu primo el que estudió un semestre en [país Z].

En resumen, intenta no desprestigiar el trabajo de los demás. Ten sentido común, pregunta lo que no sepas y no des nada por sentado. En la próxima entrada del blog, podrás leer posibles alternativas a estas frases impronunciables que te harán quedar de maravilla frente a cualquier traductor.